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Artículo
del día: 08.02.2006 |
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UNA
MUERTE
LA
PRECUELA DEL ETERNAUTA
Por Mariano Chinelli |
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Los
contactos con seres de otros mundos pueden
ser tan diferentes a todo lo imaginado
Y tan patético.
Héctor Germán Oesterheld
Revista Géminis #2 (Agosto 1965)

Casi ignorada por los lectores existe
una historia de Oesterheld, la que a diferencia
de muchas otras que han sufrido la misma
suerte, tiene la peculiaridad de narrar
un suceso previo a la invasión de
El
Eternauta. Este cuento se titula
Una
Muerte y aunque no la protagoniza
Juan Salvo, de cierta manera forma parte
también de su fascinante aventura.
De forma poética y ambigua, este
relato nos sugiere la presencia de extraterrestres
Manos en nuestro planeta, pero
lo más sorprendente de todo esto,
es que parecería ocurrir días
o incluso tal vez años antes de que
cayera la nevada mortal.
Pero mejor hagamos un poco de historia:
Corría el año 1965 y la historia
del eternauta permanecía fresca en
la memoria de la gente. Solo habían
pasado seis años de su publicación
en la revista Hora Cero Semanal, y la popularidad
de la historieta se había afianzado
con una exitosa reimpresión que se
editó en 1961. Asimismo, inmediatamente
después se publicaron en la revista
Eternauta (1962-1963) los relatos Hiroshima,
Pompeya,
y luego la inconclusa secuela novelada.
En este aparente próspero contexto,
Oesterheld vuelve al mercado editorial,
funda HGO Ediciones y así nace la
revista Géminis. Esta era una publicación
de divulgación científica
que incluía relatos de ciencia ficción,
un pequeño magazine muy en el estilo
de la legendaria Más Allá,
revista donde el escritor también
supo trabajar en los años cincuenta.
Y fue precisamente en Géminis, en
las páginas de su segundo y último
número, donde se publicó el
cuento que nos ocupa.
Una
Muerte quizás sea una
de las prosas más bellas que Oesterheld
haya escrito, y en esta primera publicación
(Agosto de 1965), el cuento fue ilustrado
por un trabajo muy particular de Alberto
Breccia. Allí se pueden encontrar
dos extrañas composiciones fotográficas
de su autoría, una de las cuales
fue utilizada como tapa de la revista.
Pero ustedes a esta altura se preguntarán:
¿Que tiene que ver esta historia
con el eternauta? ¿Por qué
considerarla una precuela?
Quienes ya leyeron el cuento, no podrán
evitar sospechar que tanto el visitante
como el Jon son seres de otro planeta. Ambos
son de piel verde y una de sus manos tiene
siete dedos. Pero seamos imparciales, estas
dos características por sí
solas no alcanzan para identificarlos como
los Manos de El
Eternauta.
Sin embargo y si apelamos a nuestra memoria,
la muerte del Jon nos recuerda mucho a la
muerte del Mano que tiene lugar en la Segunda
Parte de El
Eternauta, historieta que se
publicaría más de diez años
después en la revista Skorpio (1976).
La atmósfera que comparten ambas
escenas es idéntica, pero sigamos
siendo escépticos, aún estamos
frente a simple evidencia circunstancial.
No
obstante, entre estas dos escenas surge
otra semejanza reveladora: Antes de morir,
ambos alienígenas piden un pájaro
para tomar entre sus manos. Lo miran con
ternura y melancolía, y los dos extraterrestres
comparan al ave con otra nativa de su planeta.
Sorprendentemente, y aquí es donde
surge la prueba concluyente, ambos la llaman
sícalo. Ahora sí
no caben dudas, los dos alienígenas
son del mismo planeta, y por lógica,
los dos son Manos.
Con esta afirmación y el resto de
los vagos datos que ofrece el relato, solo
podemos dejar volar nuestra imaginación...
Una
Muerte parece estar ambientado
en un escenario ribereño, tal vez
el Delta del Tigre que con tanta frecuencia
aparece en los relatos de HGO. No hay signos
de nevadas mortales, cascarudos, ni hombres
robots. Evidentemente la invasión
de los Ellos todavía no azotó
la Tierra. Sin embargo, hay dos Manos en
nuestro planeta. Uno ha muerto y el otro
investiga su desaparición. El primero,
Jon, tal vez escapó para morir como
un ser civilizado, o quizás estrelló
accidentalmente su nave durante una misión
de reconocimiento. El segundo, el visitante,
solo buscaba certezas sobre la muerte de
su amigo.
Es muy probable que cuando Oesterheld escribió
este cuento, no haya imaginado siquiera
la posibilidad de convertirlo en una precuela
de El
Eternauta. Con su estilo inigualable,
solo habrá querido escribir sobre
los encuentros del tercer tipo, tan de auge
en la época.
Pero años después, mientras
escribía la Segunda Parte de El
Eternauta, quizás recordó
este bello cuento y plasmó muchos
de sus elementos en la escena donde muere
el Mano.
En este fabuloso universo repleto de posibilidades,
tal vez en ese preciso momento, un ave pasó
volando bajo, en vuelo silencioso, y entonces
Don Héctor se preguntó: ¿Un
pájaro o un sícalo?
(Clickeá
en las imágenes para verlas más
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