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La
paternidad compartida de "El Eternauta"
es la que convalida el título de
co-creador que Francisco Solano López
defiende a rajatabla. No obstante y tal
como lo demuestra su larga trayectoria,
aquí como en el extranjero, es
indudable que su obra como artista incluye
mucho más que solo las aventuras
de Juan Salvo.
En esta primera parte de la entrevista
realizada especialmente para "CONTINUM
4", el dibujante nos cuenta sobre
los inicios de su carrera y la realidad
historietística de aquella época,
para luego, en una segunda entrega, adentrarnos
en el increíble universo de la
más grande historieta argentina.
Estamos
casi en el centro geográfico de
la ciudad de Buenos Aires, para ser más
exactos, en el porteño barrio de
Almagro. A solo metros de las vías
del Ferrocarril Sarmiento se sitúa
el departamento donde vive y trabaja el
Maestro Francisco Solano López.
Allí llegué tras acordar
una cita por teléfono. El Maestro
me recibe en el living de su casa, ofrece
un café y luego me invita a tomar
asiento.
Una gran biblioteca colmada de libros
ocupa toda una pared. Al otro costado,
una pequeña repisa exhibe con orgullo
dos singulares estatuillas de un metal
oscuro. Las siluetas son fáciles
de reconocer, un solemne "Mano"
y un típico "Eternauta"
con su escopeta al hombro. Por alguna
razón las figuras me parecen conocidas
de algún otro lado, y un pequeño
comentario sobre las mismas saca a relucir
el controvertido tema de los derechos
para explotar la marca registrada.
¿Así
que siguen los problemas judiciales con
"El Eternauta"?
Sigue
la misma milonga. Los tiempos de los juicios
son muy largos. No obstante en la causa
contra Scutti, propietario de Ediciones
Record, se dictó una medida cautelar
que hizo posible la reedición de
la Colección de Clarín.
Asimismo, esta medida también le
da el derecho a las dos partes a realizar
las reediciones que deseen mientras la
causa siga en trámite. Por otro
lado, desde que yo volví al país
en el 94, comenzó a haber una sorda
desinteligencia entre la señora
de Oesterheld y yo. Porque ella, desde
su posición, piensa que los derechos
de "El Eternauta" le pertenecen
íntegramente. Lo que pasó
es que cuando yo me fui a trabajar a Europa,
allá por el 77, le dije "Bueno,
Elsa, lo que vos puedas aprovechar económicamente
de esto, tenés todo mi apoyo. Yo
me voy a trabajar en otras cosas. Si tenés
la posibilidad de sacar algún provecho
económico, yo no tengo ningún
reclamo que hacerte". En eso estabamos
perfectamente de acuerdo. Lo que ella
interpretó además, o por
lo menos ya tenía la opinión
formada, es que en realidad ella es la
tenedora de los derechos de autor y propiedad
intelectual como heredera del único
autor, su marido. Entonces eso es lo que
yo después pasé a cuestionar.
No los términos de aspectos económicos
o de presuntas utilidades. Por ejemplo,
con Clarín hicimos un contrato,
hicimos mitad y mitad y no hubo ningún
problema. Lo que ella defiende es la postura
de que el único autor es su marido.
Y
en una historieta no es tan así.
En
una historieta no es tan así. Hay
muchos ejemplos de esto. La producción
cinematográfica, la música,
etc. El reparto de derechos o porcentajes
de autoría están relacionados
con la actividad de colaboradores que
intervienen en el final de la obra. Y
el caso de la historieta es muy típico,
porque en general, pocos hoy día
son los autores y a la vez dibujantes.
A pesar de que en el pasado ha habido
muchos buenos ejemplos (y el mismo Hugo
Pratt puede ser uno) de gente que conserva
o ejercita las dos facultades, la del
guionista y el ilustrador; pero en algunos
de los grupos de grandes historietistas
norteamericanos, es probable que hubiera
siempre enmascarado algún guionista
que les hacia el trabajo. Aunque no conozco
bien la cosa esa, pero eso era muy factible.
Pero en el caso de "El Eternauta",
me parece...
Una
paternidad compartida.
Compartida,
claro. Además es un derecho reconocido
por la legislación europea y norteamericana.
Aquí mismo, la Ley Noble 11723
de propiedad intelectual no menciona la
historieta, pero está armada de
manera tal que por similitud o por comparación
se asimila o se interpreta, me parece
a mí, en esos términos,
la autoría del trabajo en colaboración,
tal como es la historieta. El autor de
la trama argumental, y el otro, encargado
de la puesta en escena.
En
las palabras de Solano López se
nota cierta nostalgia y cansancio en lo
que respecta al tema legal. Por otro lado,
en relación a la paternidad compartida
de "El Eternauta", da la impresión
de ser más una polémica
inflexible pero amistosa, que una disputa
a cara de perro.
Fortuita e imprevistamente habíamos
empezado la entrevista con un tema al
que yo hubiera preferido dejar para el
final. No obstante la charla recién
comenzaba y aún era tiempo para
arrancar por el principio.
Ahora
me gustaría retrotraerlo un poco
en el tiempo.
Sí.
Aunque
existen muchas biografías suyas
en distintos prólogos y también
en algunas entrevistas realizadas con
anterioridad, todas ellas apuntan específicamente
a su carrera como profesional. Cuéntenos
mejor como surge su afición por
el dibujo y cómo ese pasatiempo
lo llevó a trabajar en la historieta.
Cómo
surge. No lo sé. Lo que yo sé,
es que en mis primeros recuerdos infantiles,
mi actividad de dibujante ya tenía
un papel en mi vida. Mi casa era una de
esos típicos hogares de familias
grandes. Esas casas donde vivían
la abuela, las tías, el matrimonio,
los hijos, los primos que venían
a visitarnos. Recuerdo que cuando yo tenía
cinco o seis años una tía
mía, mi madrina, que vivía
con nosotros, me dijo que era el cumpleaños
de mi padre, que porqué no le hacía
unos dibujos. Entonces yo le hice un retrato
de mi padre, otro de mi abuela y otro
que no me acuerdo si era de mi tía.
Eran tres o cuatro dibujos y los ató
con una cintita y me dijo "Cuando
venga tu papá de la oficina, dale
esto y decile feliz cumpleaños".
Y ese es el primer recuerdo que tengo
de un "yo" dibujante.
¿Y
después?
Y
después, mi actividad de dibujante
era tirado en el piso en el escritorio
de mi padre, dibujando con lápiz
en los block Coloso que él me traía
de la oficina. Y la consecuencia de eso
era que él, sin decirme nada, "Hay
que lindos dibujos nene" o algo por
el estilo, iba guardando los dibujos y
los metía en unas carpetas en un
rincón de su biblioteca. Tres o
cuatro años después, cuando
él murió... Un día
a los meses o al año siguiente,
mi madre empezó a arreglar los
papeles, a ordenar todo. Creo que nos
habíamos mudado o una cosa por
el estilo. Y toda esa pila de carpetas
que apareció con dibujos míos
fue a parar a la basura.
¿Y
que pasó?
Entonces
sufrí un pequeño shock y
paré de dibujar cuatro o cinco
años. Yo tendría diez años,
por ahí, y hasta entrada la adolescencia
que empecé a dibujar chicas, impulsado
por las hormonas, no retomé el
dibujo. En aquel entonces yo estaba pupilo
en el Liceo Militar. El proyecto eventual
era que yo siguiera la carrera militar,
pero cuando hice el primer año
ya me despedí de esa idea. El asunto
de hacer puntería y tirar tiros
y todo eso, era muy divertido, pero la
disciplina militar y la irracionalidad
del clima de ahí adentro, que no
lo entendía... Tendrá su
justificación o su filosofía,
pero yo, a partir de que entré
al Liceo Militar me hice antimilitarista.
(Carcajada)
Y seguí dibujando cuando salí
del Liceo Militar y terminé el
bachillerato en el Nacional Avellaneda,
y entré en la Facultad de Derecho,
porque... "Nene algo tenés
que estudiar". Y como no había
buena onda por parte de mi madre para
que dibujara, porque yo quería
hacer algo que ella consideraba que no
era conveniente, entonces trataba de respetarla.
Sin dejar de dibujar, trataba de seguirle
la corriente hasta mejor oportunidad.
Como después finalmente ocurrió.
Yo le reconocía cierta autoridad
moral para marcar ciertos límites,
y además pensaba en que ella se
había quedado viuda, tenía
dos criaturas a su cargo, estaba trabajando,
estaba haciendo el esfuerzo. Entonces
vamos a respertarle un poco y no hagamos
tanto conflicto alrededor. Por otra parte,
al estudio académico yo le tenía
cierta resistencia. Prefería ejercitar
mi afición con libertad. Sin trabas.
Para mí era algo como un hobby,
un juego, un entretenimiento. Era algo
muy personal en lo que no quería
que nadie participara y que pudiera decirme
que era lo que tenía que hacer.
No me gustaba que me dijeran qué
era lo que tenía que hacer. Después
lo eché de menos. Cuando llegó
el momento de dedicarme a eso como profesión,
sentí la falta de alguna guía
académica, vamos a decir. Pero
ya era tarde. Tampoco me convenció
mucho. Tomé algunas clases de dibujo
con una profesora que después fue
directora de la Escuela Manuel Belgrano.
Era una buena profesora, preparaba grupos
de alumnos para entrar a la escuela superior,
a la "Ernesto de la Cárcova",
donde se entraba dando examen. Ella me
sugería que yo también entrara.
Que ella me preparaba y me garantizaba
que iba a entrar. Pero yo ya tenía
la idea de que quería dedicarme
a la historieta o algo que tuviera que
ver con ella. Porque en general, lo que
yo hacía como dibujos espontáneos
eran: Chicas lo más lindas posible
o escenas de acción. Figuras en
movimiento, sin que apuntara yo a darle
la forma de historieta. Eso vino después.
Cuando consideré si profesionalmente
me quería dedicar a las artes gráficas,
si elegía la rama de la publicidad,
por ejemplo, o la de las ilustraciones
de historietas. Esto último me
pareció más adaptado a mi
temperamento y a cómo yo expresaba
las cosas que tenía ganas de hacer.
No a través de los límites
del dibujo publicitario que tenía
un contenido que no me gustaba mucho tampoco,
sino a través de las historietas.
Lamentablemente
la situación actual de la economía
en nuestro país hace de la historieta,
tanto nacional como extranjera, una verdadera
especie en extinción.
Bueno,
ha habido todo un cambio. Ya no estamos
en el siglo veinte, estamos en el siglo
veintiuno; y el movimiento historiestístico
argentino empezó a mediados del
siglo pasado.
Algunos
sugieren que ese movimiento se originó
con la Segunda Guerra Mundial, porque
debido a ella, todo el material europeo
no llegaba.
Claro.
Porque a pesar de que Lino Palacios existía,
Dante Quinterno existía, Ramón
Columba existía. Divito surgió
en plena guerra. Mucho material de aquella
época se traía de afuera.
Vos fijate que el negocio de Civita en
los años cuarenta era publicar
los dibujos de Disney. Él tenía
la concesión de Walt Disney para
publicar acá las revistas del "Pato
Donald" y todas esas cosas. Y luego,
como él era italiano, empezó
a traer y publicar historietas de italianos,
y después de la guerra, empezó
a traer a los italianos mismos para que
vinieran a trabajar acá. Ahí
estaban Pratt, Faustinelli, Tallino, Ivo
Pavone. Asimismo también hubo otro
dibujante a quien le compraban las historietas
y al que no pudieron traer. Paúl
Campani no quería venir y tampoco
le podían pagar por las restricciones
cambiarias. Entonces empezaron a buscar
dibujantes argentinos que lo sustituyeran.
Y esos dibujantes fuimos Eugenio Zoppi
y yo. El primero para hacer el "Misterix",
y a "Bull Rockett" no me lo
enchufaron, me lo propusieron. A mí
me gustaba porque era la historieta que
más disfrutaba en esa época.
Y así surgió esa coincidencia
significativa de que a ellos se les ocurrió
que yo la podía hacer, y la hice.
Y ahí empezó la relación
mía con Oesterheld. Sin haberlo
conocido, porque yo empecé a dibujar
el "Bull Rockett" con una pila
de originales de Paúl Campani,
quien era el dibujante de "Bull Rockett";
y yo a lo mejor creía que ese Oesterheld
era un tipo al que le compraban los guiones,
y que venían desde quién
sabe dónde... (Risas)
Y hasta que después ...
Y
después hicieron un montón
de cosas.
Si,
después hicimos unas cuantas cosas
juntos.
Entre
ustedes había una relación.
Vos dibujás. Yo escribo. Y cada
uno hace lo suyo.
Era
tácito. Conmigo al menos era así.
Yo la relación entre Oesterheld
y los otros muchachos no la conozco porque
vivíamos muy aislados. Él
vivía en Beccar. Yo por aquella
época vivía en Belgrano.
Este muchacho, Pratt, en Acasuso. Breccia
creo que en Ramos Mejia. Entonces hubo
una o dos reuniones iniciales donde estuvimos
en grupo, donde Héctor planteó
el proyecto de la Editorial Frontera y
todo eso. Después, cuando empezamos
a trabajar, el que iba y venía
era el hermano, Jorge Oesterheld. Era
ingeniero agrónomo, nada que ver,
y el otro era geólogo, ambos dedicados
a la industria editorial. Asi les fue.
Resultó un gran éxito, pero
se fundieron. Fueron comidos por la mafia.
Entonces, después que teníamos
esas conversaciones, que generalmente
era una sola para largar, donde se decía
"¿Querés hacer la historieta?
Bueno, acá tenés el guión",
o, "Te mando el guión",
y venía Jorge Oesterheld y me lo
traía a casa. Después venía
Héctor y se llevaba los dibujos,
o mandaban un cadete y yo se los entregaba.
Entonces por todo eso no había
un intercambio fluido de opiniones donde
se dijera "¿Esto por qué
no lo hacemos así?". No. Yo
trabajaba solo. Una de las cosas que más
me gustó, fue que no me criticaran,
y no me importaba si no me ponderaban.
Si no me criticaban era porque estaba
bien, y porque la cosa caminaba. Entonces
yo trabajaba tranquilo. Y no necesitaba
del estímulo de decir "¡Che,
qué bueno lo tuyo!" Tampoco
ocurría. (Carcajada)
¿De
verdad?
No,
bueno, no sé. Pero para mí
en esos momentos no tenía importancia.
Me
da la impresión que no eran conscientes
del éxito de lo que hacían.
Ellos
lo serían porque recibían
las noticias de las ventas.
También
las de las ganancias.
En
realidad, aumentaban nuestros ingresos
en la medida que aumentaba nuestra producción.
Los ingresos se mantuvieron estables durante
toda la duración de la editorial.
Porque, una de cal, y una de arena. Ellos,
estoy seguro, que tanto Héctor
como su hermano, tuvieron la intención
de cumplir con esos buenos propósitos
del planteo inicial "Les vamos a
devolver los originales". "Van
a ser socios nuestros. Van a ganar más
que en las otras editoriales de la competencia.
Pero por ahora, no. Por ahora ese extra
que van a ganar se lo vamos a anotar en
un cuadernito". Y al final ganábamos
lo mismo que en Columba o que en la Editorial
Abril. Cuando pasaron tres años
y la cosa seguía asi, empezamos
a mirarnos y a preguntarnos "¿Y
que pasa con esto?" Y algunos reaccionaron
de una manera y otros de otra. Y efectivamente,
yo creo, que aparte de algún proyecto
fracasado de la propia editorial y de
algún error de cálculo o
cosas que desconozco, existió el
hecho de que más allá del
éxito editorial que tenían,
ellos fueron ajenos a que había
una edición paralela o clandestina
que se chupaba la ganancia. Ellos hablaban
de que tenían ventas de 90.000
ejemplares. La revista MISTERIX, en el
momento en que empezamos nosotros, tenía
una tirada semanal de 200.000. Cuando
salieron las revistas de Editorial Frontera,
la MISTERIX bajo a 40.000 ejemplares.
Entonces si haces un calculo, suponiendo
que la mayoría que dejó
de comprarla se paso al HORA CERO SEMANAL,
por lo menos se vendían 160.000
ejemplares. Sumá ambas revistas
semanales y te da la tirada original del
MISTERIX. Pero ellos nunca tuvieron esa
sospecha, si hubieran vendido 200.000
ejemplares, se les hubiera caído
la plata de los bolsillos y nos hubiéramos
dado cuenta. Entonces creo que los Oesterheld
se enteraron más tarde de esto.
Además no se puede escribir 12
argumentos de historietas distintas, todos
los días encerrado adentro de una
pecera, y al mismo tiempo administrar
y estar en la cocina de una editorial.
Era
increíble la capacidad que tenía.
Era
el guionista de todo, aún de lo
que aparecía bajo seudónimo.
Acaparaba
todo.
Héctor
proveía de guiones para todo su
equipo de dibujantes. Ponéle que
éramos cinco o seis y él
nunca bajaba la calidad. Trataba tanto
los temas históricos y clásicos
de la aventura, como asi también
la ciencia ficción, las policiales,
los western, los relatos de guerra. El
tomaba ciertos estilos, como por ejemplo,
el modelo de los reportajes de guerra
de "Ernie Pike"; o las historietas
de aventura del tipo "Ticonderoga".
Ocurría que él tenía
esa facultad excepcional, que para empezar,
el sentía el relato y la aventura.
Y ya hemos comentado con vos, que la forma
de comunicarse, la prosa que manejaba
en los guiones, era desde el punto de
vista del resultado de lo que transmitía,
muy superior a su prosa escrita.
Si
bien "El Eternauta" es su obra
más reconocida, ciertamente no
es la única. ¿Qué
otros trabajos a los cuales usted consideraba
dignos de igualar o superar el éxito
de "El Eternauta", terminaron
finalmente por no funcionar como esperaba?
Inmediatamente
después de "El Eternauta",
entré a trabajar en una editorial
muy grande inglesa. La Fleetway. Todo
el grupo de colegas que formábamos
la Editorial Frontera, casi en bloque,
ensayó colaborar con esa editorial
a la que tenía acceso Hugo Pratt,
quien fue el que nos pasó el dato
de que esa gente estaba necesitando dibujantes.
Nos dijo "Si quieren hagan muestras
que yo se las mando." Y bueno, yo
enganché como la mayoría.
Me parece que todos estábamos bien
preparados para el asunto. Entonces me
quedé trabajando con ellos. Me
gustó la idea y me sentía
cómodo con el tipo de material
que me daban para ilustrar. Muchos años
después me enteré que bueno,
esa editorial era como un centro de distribución
de historietas para Europa. Tenían
un par de agencias donde las mismas historietas
que yo hacía para ellos y mandaba
a Londres, después se conseguían
en otros lados. Cuando yo estaba viviendo
en Málaga en la primera mitad de
los años sesenta, mis hijos iban
al quiosco de la esquina y compraban las
revistitas españolas con mis historietas
traducidas del inglés; y eso pasaba
en Italia, en Francia, en los Países
Escandinavos y en todas partes. Y tiempo
más adelante, una vez en la segunda
o tercera recorrida por Europa, mucha
gente joven recordaban de chicos haber
leído las historietas que yo hacia,
que por otra parte, salían sin
firma, sin crédito ninguno para
el dibujante y el guionista, pero ellos
de alguna manera reconocían el
estilo. Y no sé cómo hacían,
porque yo había formado después
un equipo y dibujaba varias historietas
simultáneamente, de distinto tipo,
de deporte, de ciencia ficción,
humorístico; pero ellos reconocían
eso. E incluso los propios ingleses en
la editorial me daban la pauta o no ocultaban
que las historietas que yo hacía
tenían mucha repercusión
en el público. Sobre todo había
dos o tres principalmente que eran las
más populares. Pero, posteriormente
a eso, cuando ya me saturé de eso,
a mediados de los setenta, ya no daba
más de hacer cuadritos, me resultaba
entretenido y se ganaba bien, pero me
cansé. Entonces, había formado
un equipo de dibujantes, y les dije "Tomen
este paquete, arréglense con el
intermediario y síganlo ustedes".
Y yo me quedé con las pocas páginas
que necesitaba para subsistir y empezar
a buscar otra cosa. Entonces ahí
apareció el "Slot Barr",
con Barreiro como guionista, que fue el
primer trabajo grande que hizo Barreiro,
y por eso estuvo siempre muy apegado a
mí, porque yo era medio irresponsable
y este loco (porque le decíamos
el loco) tenía talento. Con la
frescura, la originalidad de su ideas
y el empuje que tenía hicimos la
"Slot Barr", la cual después
continué desde España cuando
me fui con mi hijo Gabriel por el asunto
de los Montoneros y todo eso. Y ahí
hice también "Las Historias
Tristes" con los cuentos breves que
escribía mi hijo, relatos cortos
que yo convertía en historietas.
Hice varios de esos. Y en una segunda
etapa hice la historia de "Ana",
nueve capítulos de una novela gráfica,
que cuando la vieron los americanos les
gustó y la quisieron publicar.
Así que estos son en realidad esos
trabajos a los que vos te referías.
Proyectos editoriales en los que uno cifraba
la expectativa del éxito, y que
posiblemente porque no soy un experto
en merchandising o en publicitarme, no
lo alcanzaron de la manera en que lo esperaba.
Eran trabajos en los que quizás,
desde el punto de vista del oficio, del
empeño y de la concentración,
tienen puesta mucha más energía
y mucho más trabajo del que yo
ponía en "El Eternauta",
que era una más de las tres o cuatro
historietas simultáneas que hacía
para la Editorial Frontera.
Bueno,
pero igual tuvieron su reconocimiento.
Sí,
claro, obtuvieron un importante reconocimiento
entre la gente que se tomó la molestia
de leerlas.
Continuará
...
SLOT
- BARR
COLECCION NARRATIVA DIBUJADA
Historieta / Novela Gráfica.
256 Páginas.
Recopilación de las numerosas entregas
de esta historieta, publicadas originalmente
en la revista Skorpio entre 1976 y 1977.
Formato vertical (220 mm x 310 mm).
EDICIONES COLIHUE.
Abril 2001.
RESUMEN EDITORIAL: Ambientada en un
futuro lejano y explorando los más
diversos paisajes de la ciencia ficción,
esta saga deja asomar, en medio de la contundencia
de la aventura clásica, fragmentos
de enciclopedia, resonancias mitológicas
y pasión por las máquinas.
Escritos con la imaginación desenfrenada
de Ricardo Barreiro y dibujados con la solidez
de Francisco Solano López, los relatos
que conforman este álbum nos traen
noticias de los márgenes del universo
y del centro de la historia. La aburrida
rutina de un hombre común cambia
drásticamente cuando su cerebro es
invadido por una entidad parásita
de origen extragaláctico.
ANA
Historieta
/ Novela Gráfica. 120 Páginas.
Recopilación de los nueve capítulos
de esta novela gráfica, publicada
en los Estados Unidos.
Formato vertical.
FANTAGRAPHICS BOOKS.
Publicada originalmente en 1991 / Segunda
Edición: Marzo 1992.
SINOPSIS: Dibujada por Francisco
Solano López y guionada por su hijo
Gabriel, esta intensa novela gráfica
combina el erotismo cruel con la alegoría
política oscura. Cuenta la historia
de una joven y bonita mujer francesa, cuya
vida cambia para siempre cuando impulsada
por sus convicciones lanza una piedra contra
un tanque de guerra. A partir de entonces
su vida es degradada consecutivamente por
un policía violador (a quien ella
excita y domina sexualmente), un marido
tiránico, y la violenta rutina de
una prisión mexicana. Cuando sale
de allí sus penurias continúan,
una secuencia de eventos que la llevan a
encontrarse nuevamente sola en las calles
de París, sin dinero y desesperada.
(*)
FUENTE DE IMAGENES
-
Archivo personal de Mariano Chinelli
Retrato de Francisco Solano López
(30/04/02).
- SLOT BARR (Editorial Colihue) Ilustración
de portada por Francisco Solano López.
- ANA (Fantagraphics Books) Ilustración
de portada por Francisco Solano López.
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