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historia de ciencia ficción escrita en la Argentina,
logrando al mismo tiempo, homenajear y reconocer el trabajo
de sus creadores.
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Artículo
del día: 23.06.2004 |
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HECTOR
GERMAN OESTERHELD UN
REPORTAJE PERDIDO EN EL TIEMPO
Por Mariano Chinelli |
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Hasta
el momento hemos publicado una serie
de entrevistas. Estas reunen las experiencias
y comentarios de los dibujantes que
colaboraron con Oesterheld en la creación
del Eternauta. En consecuencia, lo más
lógico sería incluir un
reportaje al propio Héctor Germán
Oesterheld, tarea nada sencilla. Para
cumplir con esa meta, en forma indefectible
debemos recurrir a entrevistas ya realizadas,
las cuales desafortunadamente son muy
pocas.
En
una ocasión, hace tiempo ya,
durante una charla con Felipe Avila
(co-director de www.rebrote.com)
surgió un dato revelador: En
una revista SIETE
DIAS,
de alrededor de los años setenta
se había publicado un reportaje
a Oesterheld. Según Felipe la
revista era fácil de identificar,
la fotografía de tapa mostraba
el cadáver embalsamado de Eva
Peron.
Con esos datos salí en la búsqueda
de aquel ejemplar, no fue fácil,
no hubo local de compra/venta de revistas
de la ciudad de Buenos Aires que no
visitara. Hubo que revolver entre centenares
de revistas polvorientas, pero finalmente
todo el trabajo obtuvo su recompensa.
Allí estaba, aquella macabra
foto en la tapa, y como sospechaba,
el reportaje a Oesterheld en su interior.
La entrevista era deliciosa, una tras
otra se suscitaban anécdotas
y opiniones de boca del mismísimo
Oesterheld, no solo sobre su obra, sino
también sobre la historieta en
general. Un material invalorable, un
verdadero documento que a mi entender,
no podía quedar enterrado entre
el polvo y el papel.
A excepción del famoso reportaje
realizado por Trillo y Saccomanno, recopilado
en el libro LA
HISTORIA DE LA HISTORIETA ARGENTINA
y actualmente disponible en internet
en TEBEOSFERA,
no existe otra entrevista tan importante
como la que se publicó en SIETE
DIAS.
Es por ello que tenía que ser
rescatada, tenía que ser difundida.
Desde mi punto de vista CONTINUM
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era el medio ideal para hacerlo, pero
aún tenía varios interrogantes
por resolver.
Con la segunda lectura del reportaje
me percaté de que este no estaba
firmado, allí surgió entonces
la necesidad de investigar los nombres
del fotógrafo y el redactor.
No solo quería pedir su autorización
para republicar la entrevista, sino
además, añadir un valor
agregado a la transcripción.
Era un desafío, y la vez, una
forma de enriquecer el material que
ofreceríamos.
El staff de la revista SIETE
DIAS
era un largo listado de nombres y solo
por allí podía empezar
la búsqueda. Habían pasado
muchos años y tal vez nadie recordara
la entrevista, pero también existía
la posibilidad de que ocurriera todo
lo contrario. Por azar podía
dar con el redactor o el fotógrafo,
o quizás, con alguien más
que recordara sus nombres. Posibilidades...
siempre había posibilidades.
En verdad ocurrió un poco de
todo eso, pero lo más importante
es que dí con las personas que
buscaba: Roberto Vacca (redactor) y
Mario Paganetti (fotógrafo),
ambos dieron su aprobación, contaron
anécdotas, y gracias a ellos
podemos ofrecer el siguiente material:
MIS CIEN PERSONAJES Y YO
HECTOR
GERMAN OESTERHELD, EL MAS IMAGINATIVO
CREADOR DE POPULARES HISTORIETAS
Revista SIETE
DIAS
#381 (29/09/74)
Redactor: Roberto
Vacca
Fotógrafo: Mario
Paganetti
El famoso guionista argentino, padre
de El Eternauta, de Ernie
Pike, del Sargento Kirk
y de tantos otros héroes del
género, se apresta a lanzar en
forma de libros sus difundidas aventuras.

Cuando,
hacia 1893, el dibujante Richard Outcault
comenzó a graficar secuencias
de aventuras que contenían las
palabras que decía cada personaje
los hoy clásicos globitos
superiores , nadie atribuyó
importancia a ese hecho, que equivalía
al nacimiento de la historieta. Una
suerte de arte que llegaría a
ser, acaso, la más popular de
las creaciones del hombre. Tras desandar
un sostenido éxito en los mas
importantes periódicos estadounidenses
las tiras nacieron en el World
de la cadena de Joseph Pulitzer, para
luego insertarse en el New
York Journal,
del emporio de William Randolph Hearst
, la historieta se universalizó,
al punto que en la actualidad no hay
prensa escrita en todo el orbe que no
incluya una o mas tiras en sus páginas.
Curiosamente, Argentina se convirtió,
a partir de los años 40, en uno
de los principales países productores
de guiones y dibujos, al influjo de
una industria editorial que marcó
una época y que alcanzó
sus cúspides de esplendor en
la década de los años
50. Precisamente, uno de los artífices
de aquel boom Héctor Germán
Oesterheld (55, cuatro hijas, un nieto)
quien fue el creador de los mas memorables
personajes de la historieta nacional
acaba de lanzar una versión
escrita, novelada, del Sargento Kirk,
una de sus creaciones de mayor trascendencia.
A propósito de dicha irrupción
en kioskos y librerías porteñas,
Siete Días entrevistó
la semana pasada a este inagotable argumentista,
quien a lo largo de mas de treinta años
de trabajo ha pergueñado un centenar
de personajes, protagonistas de alrededor
de diez mil guiones; en ellos, se jacta
HGO, sonriente, maté a
no menos de cien mil tipos.
Licenciado en Ciencias Naturales
especializado en Geología, le
falta la presentación de una
tesis para alcanzar el doctorado ,
Oesterheld trabajó en la Dirección
Nacional de Minas, en YPF y en el laboratorio
de minería del Banco de Crédito
Industrial, hasta que abandonó
su profesión para dedicarse de
lleno a la historieta, a comienzos de
la década de 1950. Incansable
viajero recorrió todo
el país, por razones de trabajo
, reconoce su iniciación
literaria en un cuento que le publicó
el diario La Prensa en 1938. Olvidado
ya de dicho intento artístico,
tres años después lo llamo
un amigo, Carlos Hirsch, para que le
escribiera los textos de unas ilustraciones
sobre la vida en el fondo del mar, que
debían ser presentados a la recientemente
creada Editorial Abril. La experiencia
fue desastroza recuerda Oesterheld
me rechazaron el trabajo. Pero
diez días después me llamaron
porque habían releído
el texto y les pareció original.
Desde entonces, y hasta 1949, trabajó
como redactor de libros de divulgación.
Un día me preguntaron si
me animaba a escribir guiones para historietas
memoró HGO , cosa
que yo ni sabía lo que era. Creo
haber leído todos los libros
de aventuras del mundo, pero siempre
sentí aversión por las
ilustraciones. Simplemente, me puse
a probar y me salió un guión
medio policial que transcurría
en Egipto, con un personaje que se llamaba
Craizy. Gustó lo suficiente como
para que desde entonces me convirtiera
en guionista de aquella inolvidable
revista que se llamó Misterix.
A Craizy le siguieron otros personajes
que fueron delimitando lo que con el
tiempo sería la principal característica
de Oesterheld: la calidez, verosimilitud
y humanidad de sus creaciones. Así
surgieron Ray Kitt policial
y Lord Comando, que fue la primera historieta
de guerra pergueñada en la Argentina.
La revista Misterix,
por entonces trataba de imponerse con
abundante material proveniente de Italia.
El éxito aseguró
HGO permitió que se importaran
valores como el guionista Alberto Ongaro
y dibujantes de la talla de Hugo Pratt
e Ivo Pavone. Un grupo de muchachos
de poco mas de 20 años con los
que conformamos un grupo excepcional.
Precisamente, Pratt me dibujó
Ray Kitt y enseguida la conjución
permitió el nacimiento de Bull
Rockett, mi primer personaje trascendente.
¿Cómo
nació Bull Rockett?
Me pidieron
un guión con un piloto de pruebas
medio heroico. Pero a mí no me
gustaba la idea, de modo que resultó
un tipo mas bien científico,
que sabía de todo un poco y capaz
de dar las piñas necesarias.
Me lo rechazaron, por supuesto, y me
retaron porque no tenía nada
que ver con lo que me habían
pedido. Todo quedó ahí,
hasta que al mes siguiente irrumpió
en la redacción César
Civita editor de las publicaciones
gritando que era el mejor guión
que había leído en su
vida. Inmediatamente dispuso que se
lo tradujeran al italiano y se lo enviara
a Italia para que lo dibujara Campani.
Fue mi primer gran éxito y duró
como cinco años.
¿Y
cómo surgió el Sargento
Kirk?
Porque
se necesitaba una historieta de cowboys
para que dibujara el chico Pratt, que
se estaba consagrando. Inicialmente,
pensé en un sargento argentino,
de nuestras fronteras, pero no se lo
consideró comercial. Entonces,
lo ubiqué en el oeste norteamericano.
Basado en algunos antecedentes históricos
e influenciado por lecturas de excelentes
folkloristas estadounidenses como Ross
Santee, inventé a este renegado
que se hizo amigos de los indios después
de haberlos masacrado. Ahí estaba
presente la tragedia de Wounded Knee,
lo que me permitió una buena
pintura de la psicología de los
indios de las tres Américas.
La idea fundamental fue la de crear
un personaje atípico; se trataba
de hacer una historia humana, evitando
el clásico superhombre.
¿Tuvo
que estudiar historia norteamericana,
por ejemplo?
No necesariamente. Me documenté
lo suficiente, como he hecho toda mi
vida, para la creación de cada
personaje. Pero sí aprendí
cosas interesantes, como que el mustang
(caballo salvaje) no es sino nuestro
pingo criollo, descendiente del español
mostrenco. Y también que la palabra
sheriff
tiene su raíz en el jerife,
que quiere decir jefe local
en árabe. Seguramente llegó
a los Estados Unidos a través
de los españoles de México
o de la península de Florida.
¿Qué
pasó después de la aparición
de Rockett y de Kirk?
Casi paralelamente a Kirk, creé
al Indio Suárez, un entrenador
de boxeo retirado. El apellido era un
homenaje al gran Justito. Lo dibujó
el español Freixas, y se publicó
en la revista Rayo
Rojo.
Al mismo tiempo, trabajaba en la revista
infantil Gatito,
cuyo personaje también creé
yo, al igual que el Ogro Rompococo y
Pilín, la Princesa Tilina y el
Rey Panza. Fueron cuentos cortos ilustrados,
de gran éxito allá por
1953. También por entonces trabajé
en el Pato
Donald,
haciendo un folletín sobre Dippy,
al que hoy, no sé por qué
llaman Tribilín.
¿Con
quiénes trabajaba usted? ¿Siempre
con dibujantes italianos?
Me dibujaron prácticamente todos,
sin excepción. Pero hubo un tiempo
en el que me dediqué a publicar
libros, en base a las tiras de Kirk
y de Bull Rockett. Los lancé
como Editorial Frontera, con mi hermano,
y llegamos a vender entre 12 y 15 ejemplares
de cada título. Cuando me desvinculé
de Editorial Abril empecé a sacar
revistas propias: así nacieron
Frontera
y Hora
Cero,
dos publicaciones que hicieron época
en el mundo de la historieta. Mi hermano,
con el pseudónimo de Jorge Mora,
y yo, éramos los únicos
guionistas, y el lote de dibujantes
fue excepcional, como jamás se
ha reunido: estaban Pratt, Arturo del
Castillo, Carlos Cruz, Ivo Pavone, Alberto
Breccia, Alfredo Moliterni, Carlos Roume,
Solano López, Cirilo Muñoz,
Emilio Zoppi, Carlos Vogt, Ernesto García
y el chico Leopoldo Durañona.
Llegamos a tirar 90 mil ejemplares y
allí nació un lote impresionante
de historias y personajes. En 1961 nos
fundimos.
¿Esa
es la época de Ernie Pike, su
otra consagratoria historieta?
No solo Pike, que fue, es cierto, uno
de los más importantes. En esos
años (1956-1961) nacieron también
Ticonderoga, donde se lucía Pratt
con sus aguadas suaves; Randall, que
dibujaba Arturo del Castillo y que,
traducida al inglés, apareció
en Inglaterra con el nombre de Ringo.
Y fíjese que en un reportaje,
el beatle Starr reconoció que
adoptó aquel apodo debido a su
fanatismo por mi personaje y no por
esa historia que inventaron sobre los
anillos que usaba. De esa época,
además, es Sherlock Time, una
historia de ciencia ficción que
transcurre en una quinta de San Isidro
y que dibujó Breccia; también
allí nació Patria Vieja,
que eran pantallazos de la historia
argentina ilustrados por Roume. Finalmente,
en ese período creé mi
mas grande historia: El Eternauta.
¿Es
cierto que Ernie Pike es usted mismo?
El dibujo, en realidad, parece una caricatura
suya.
Lo es, pero sólo el dibujo, claro.
El personaje está inspirado en
un corresponsal norteamericano llamado
Ernie Pyle, seguramente el más
grandioso de los periodistas que vivieron
la Segunda Guerra Mundial. Se caracterizó
porque en lugar de cronicar las grandes
batallas, narraba pequeñas historias
secundarias, chiquitas, tremendamente
humanas. A ese tipo siempre le rechazaban
los trabajos en Time
y en Life.
Su vida era una tragedia y finalmente
lo mató un francotirador en Iwojima,
en 1944. Pues bien, lo tomé como
personaje y empecé a inventar
historias que, supuestamente, él
representaba. En cuanto al dibujo, fue
una broma de Pratt: cuando creé
el personaje, le adjunté una
nota con el primer guión y le
dije que lo hiciera simpático,
noble, buenazo. Como chiste, terminé
la nota así: Bah, hacelo
como yo. Y Pratt se lo tomó
en serio e hizo una caricatura mía.
¿Cuál es la razón
del éxito que tuvo?
Muy simple: fue la primera vez en el
mundo que los americanos no eran los
buenos y los alemanes los malos. Había
héroes en ambas facciones, incluso
los japoneses lo eran. El único
villano de la historieta era la guerra.
Usted
dijo recién que El Eternauta
fue su más grande obra. ¿Por
qué?
Porque creo, aunque peque de inmodesto,
que fue lo mejor que se hizo en ciencia
ficción en la Argentina y porque
es una historia que no envejeció;
al contrario es vigente. Yo había
trabajado en aquella extraordinaria
colección que se llamó
Más Allá, y que editaba
Abril. Desde entonces, me había
quedado pensando en un cuento corto
que empezaba con unos amigos jugando
al truco mientras la ciudad muere a
su alrededor por la acción de
una nevada mortífera. La idea
era hacer una historia de final rápido,
pero tuvo tal éxito que se convirtió
en un folletín semanal que duró
dos años. Lo dibujó Solano
López, que se lució a
lo largo de mas de 350 páginas
de 12 cuadros cada una, logrando una
historieta popular de gran comunicación.
¿Usted fue premiado alguna vez,
por su obra?
Yo no,
pero los dibujantes de mis guiones sí.
Así es la vida, y no me quejo.
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Esta
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a la memoria de
Héctor Germán Oesterheld y al Maestro
Francisco Solano López,
sin quienes nada de esto siquiera existiría.
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