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Artículo del día: 08.03.2005
HECTOR GERMAN OESTERHELD
OTRO REPORTAJE PERDIDO EN EL TIEMPO
Por Mariano Chinelli

Siguiendo con el rescate histórico y emotivo de la palabra de Héctor Germán Oesterheld, gracias a la colaboración de mucha gente, hoy podemos ofrecer otra entrevista prácticamente inédita.

A fines de Junio de 2004 rescatamos en CONTINUM 4 un reportaje perdido en el tiempo. Una entrevista que le habían realizado a HGO en 1974 y que fue publicada ese mismo año en la revista SIETE DIAS:



Este rescate tuvo una importante repercusión. Portales de internet y websites, muchos argentinos y otros extranjeros, difundieron su existencia, e incluso BDZOOM lo tradujo al francés para deleite de sus compatriotas.
Pero otra de las satisfacciones que me produjo esta publicación, fue el descubrimiento de otro reportaje. Daniel Nápoli (coleccionista amigo y ex-director de la revista LA BESTIA) me reveló la existencia de una entrevista realizada en 1959 para una revista brasilera. Había sido publicada en O CRUZEIRO INTERNACIONAL y estaba acompañada por excelentes fotos del guionista, con su familia y sus colaboradores.
Poco tiempo después me llega el mismo dato a través de Aldo Pravia y Gustavo Ferrari, ambos coleccionistas y estudiosos de la historieta argentina. El primero admirador de Hugo Pratt y el segundo de Alberto Breccia.
Daniel, Aldo y Gustavo ofrecieron gentilmente su material, y gracias a ellos pude transcribir y disfrutar el reportaje, tal cual lo harán ustedes a continuación.
Sin embargo aún quedaba algo pendiente por resolver. No quería publicar la entrevista sin pedirle autorización al periodista que la realizó. Habían transcurrido más de cuarenta y cinco años, solo tenía su nombre (Mário de Moraes) e imaginaba que residía en Brasil. Pero tras agotar los recursos de internet y ver abarrotadas las guías telefónicas con homónimos, recurrí a Marko Ajdaric, redactor de NEORAMA DOS QUADRINHOS. Y así empezó otra cadena de favores...
A través de Marko llegué a Rodrigo Caixeta, un periodista que le había hecho un reportaje a Mário de Moraes para la revista ABI (Associação Brasileira de Imprensa):



Rodrigo me puso en contacto con la amabilísima Solange Noronha (Editora Ejecutiva de la publicación ABI on–line), y ella finalmente me hizo dar con Mário de Moraes, quien de forma desinteresada nos autorizó a publicar el reportaje que a continuación reproducimos:


CUENTOS DE OESTERHELD
Reportaje de MARIO DE MORAES
Revista O CRUZEIRO INTERNACIONAL (16/01/1959)




Randall, el “cow–boy”, levantó el cuerpo frío e inerte de Martine, y con paso torpe, cargólo hasta el lugar deseado, el único digno de ella.
Parecía imposible, mas era verdad, una dolorosa verdad. Martine, su amada, ya no existía, ya no podría corresponder a sus apasionados besos.
Para él, nada mas importaba. Había olvidado que estaba herido. Detúvose extenuado. La fosa estaba preparada. Depositó en ella el cuerpo de la mujer amada y después adornóla con flores que cogió en las cercanías.
Sentía que le faltaban las fuerzas. Con un último aliento, cubrió de tierra la sepultura. Solo entonces comprendió que también para él se aproximaba el fin. Sus heridas, reabiertas, sangraban de nuevo. La roja linfa mezclábase con el barro de la tierra recién removida. Cayó de bruces sobre la sepultura. La vista se le iba enturbiando. Un extraño torpor invadió todo su cuerpo y Randall no vio nada más. Iría con Martine...


Así terminaba la carrera del “cow–boy” Randall. De aquel que fuera. Durante algunos meses, el héroe predilecto de millares de argentinos que semanalmente seguían sus electrizantes. O mejor, así debería terminar.
Las cartas comenzaron a llegar. Una detrás de otra, muchas todos los días. Randall no podía morir. En una de ellas, una joven, que confesaba tener 20 años de edad, decía al autor: “... me apasioné por Randall y no puedo vivir sin él. Adoro su comportamiento y compostura ejemplares. Lo daría todo por ser su amada, su Martine, aún cuando para eso tuviese que morir”.

Héctor Germán Oesterheld, el autor de a historia, lo pensó mejor. Llamó al dibujante, Arturo del Castillo, y entablaron nuevas negociaciones.
Castillo que, por motivos particulares, abandonara las historietas ilustradas, volvió a dibujar la de Randall. Oesterheld podía hallar otro dibujante. Pero no sería el mismo. Nadie como Castillo para retratar las duras facciones de aquel “cow–boy” sentimental.

Randall, sin embargo, era solo uno de los héroes creados por la prodigiosa imaginación de Oesterheld. Con 30 años de edad, de descendencia alemana, Héctor, que nunca saliera de la Argentina, presentaba a sus lectores un maravilloso mundo de aventuras desarrolladas en todas las partes del mundo.

Todo comenzó unos años atrás. Héctor estudiaba geología, pero le gustaba escribir cuentos. Cierto día un amigo expresóle su deseo de leer uno de ellos. Era la humana historia de dos enanitos: Truila y Miltar.
Llevóle el cuento. Lo mostraría a una persona amiga. Cuál no fue la sorpresa de Oesterheld cuando, el domingo siguiente, vio su cuento publicado en el periódico “La Prensa”. Es él quien nos lo cuenta: “Mi madre
trabajaba en la cocina. Fui para allá y le mostré el periódico sin decir nada. Ni siquiera lo miró, tan ocupada estaba en preparar los tallarines.
Insistí, diciéndole que si mirase con atención el periódico, tendría una sorpresa. Vio mi nombre impreso, abajo del cuento y no pudo leer más. Las lágrimas se lo impidieron. Tuve que leerlo yo. Fue una de las mayores emociones de mi vida”.

El cuento gustó y le pidieron otros. En poco tiempo Oesterheld convirtióse en autor de libros para niños, donde eran contadas las historias del Gatito. El éxito fue rápido. Por esa época Héctor Oesterheld trabajaba para una gran firma como geólogo y escribía los libritos en las horas libres. Cierto día la Editora pidióle que escribiera un argumento para una historieta ilustrada que debería salir en una de sus revistas.
Oesterheld escribió una historia, desarrollada en África, que trataba de un
problema de la esclavitud. En ella, al comienzo, había un bárbaro asesinato. Los editores quedaron entusiasmados. “Oesterheld – dijeron -, usted conoce a fondo la materia.” Y Héctor terminó abandonado la geología y quedando como asesor de las historietas ilustradas de la Editora.
Creó sus primeros héroes: Bull Rocket, un hombre de ciencia, y el Sargento
Kirk, especie de “cow–boy”, con aventuras desarrolladas en el oeste norteamericano.

La gran aceptación que tuvieron los dos héroes por parte del público argentino animó a Oesterheld a editar, por cuenta propia, libros con las aventuras de Bull Rocket y el Sargento Kirk. Tuvo entonces la idea de lanzar dos revistas de historietas ilustradas (Frontera y Hora 0), con todos los argumentos creados por él. Consiguió un grupo de buenos dibujantes, y con esforzado empeño lanzóse al mercado de las historietas ilustradas, que pertenecía casi por entero a los norteamericanos. Fueron surgiendo nuevos héroes: Ticonderoga, que vive aventuras desarrolladas poco antes de la independencia de los Estados Unidos, en lucha constante con los indios; Tip-Kenya, un cazador que conoce la vida intima de todos los animales; Ernie Pike, corresponsal de guerra, que narra historias donde los actos de bravura parten igualmente de un norteamericano, un alemán o un japonés. Oesterheld explica: “En todas partes hay buenos y malos”. En un reportaje publicado en una revista europea, Oesterheld adquirió conocimientos sobre un corresponsal de guerra norteamericano que murió en Italia. Llamábase Ernie Pyle. Impresionado con la vida de ese hombre que, para mandar noticias a su periódico, afrontaba los mayores peligros, Oesterheld creó la alta y delgada figura del corresponsal de guerra. Cuando el dibujante, Hugo Pratt, le trajo los primeros dibujos, Oesterheld tuvo una sorpresa. El héroe tenia la cara de su creador. Pratt había hecho a Ernie Pike idéntico a Oesterheld.

Leonero Brent., un “cow–boy”, matador regenerado, que caza a otros bandidos para recibir las recompensas y donarlas a una institución de caridad, es otro de los personajes de Oesterheld. Y tiene más: Joe Zonda, original personaje argentino que todo lo que sabe lo aprendió por correspondencia; Rolo, la historia de la invasión a la Tierra. Seres de otro planeta tienen la capacidad o facultad de transformar las facciones de cualquier persona, haciendo que se parezcan con quienes quisieren. En uno de los capítulos aparece el Presidente de la Argentina, Frondizi, y su sosia, creado por los invasores; Cayena, historias de un hombre inocente, que estuvo preso en la famosa prisión, y el cual procura capturar, sin ayuda de la policía a los malhechores. La mayor parte de las veces consigue él la regeneración del criminal; Eternauta, tal vez sea la mejor de todas las creaciones de Oesterheld. Es la fantástica historia de un hombre que asistió a la invasión de la Tierra por seres de otro planeta y el cual, con algunos miembros de su familia y amigos, consiguen sobrevivir, experimentando las más increíbles y sobrehumanas aventuras.



Oesterheld escribe (siempre a mano) regularmente una historia por día. Trabajan a su servicio 20 dibujantes, siendo los principales más conocidos, Hugo Pratt, Solano López, Arturo del Castillo, Haupt y Roume. Un editor italiano compró todas sus historias. Francia adquirió los derechos sobre las aventuras de Randall y Ticonderoga y España publica las de Ernie Pike y Ticonderoga. Por primera vez un país sudamericano exporta historietas ilustradas a Europa. En casi todos los países de habla española de América del Sur circulas sus revistas y después de la Argentina, es en Chile donde ellas más se venden.

“Trabajo unas ocho horas diarias – dice él -, sin horario fijo (por la mañana preferentemente). Leo mucho, en especial los grandes autores e relatos de aventura y los cuentistas. El único estimulante que uso cuando me faltan las ideas son algunos “long-playings”, Beethoven, Mozart, Debussy y hasta algo folklórico. Mis hijas (tengo cuatro, pequeñitas) son otro gran estimulante. Entran y salen de mi escritorio cuantas veces se les antojare (naturalmente, un problema grave es un lápiz roto, una muñeca que no quiere vestirse o un juguete que se desarticuló). Tengo pésima memoria para lo que escribo. En dos o tres días olvido completamente episodios enteros de mis historias. Creo que es una defensa psicológica; tantos personajes, tantas situaciones acabarían por volverme loco. Prefiero escribir historias que se desarrollan en el mar, en el desierto, al aire libre. Anduve bastante tiempo por la Patagonia, y me es fácil “vivir” el desierto del Far-West norteamericano, sin haberlo conocido nunca. Procuro poner siempre en mis historias acción, vigor, emoción, con bastante acento humano. La historia ideal es la que sacude al lector al comienzo, lo apasiona en su desarrollo y lo conmueve al final.
Si a eso se le puede agregar ternura, se llega a la perfección”. Buen plan de trabajo para un escritor.

O CRUZEIRO, Edición Internacional, 16 de Enero de 1959.

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sin quienes nada de esto siquiera existiría.


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