Siguiendo
con el rescate histórico y emotivo
de la palabra de Héctor Germán
Oesterheld, gracias a la colaboración
de mucha gente, hoy podemos ofrecer otra
entrevista prácticamente inédita.
A
fines de Junio de 2004 rescatamos en CONTINUM
4 un reportaje perdido en el tiempo. Una
entrevista que le habían realizado
a HGO en 1974 y que fue publicada ese
mismo año en la revista SIETE DIAS:
http://www.portalcomic.com.ar/columnas/continum4/continum4_txt/continum4_10.html
Este rescate tuvo una importante repercusión.
Portales de internet y websites, muchos
argentinos y otros extranjeros, difundieron
su existencia, e incluso BDZOOM lo tradujo
al francés para deleite de sus
compatriotas.
Pero
otra de las satisfacciones que me produjo
esta publicación, fue el descubrimiento
de otro reportaje. Daniel Nápoli
(coleccionista amigo y ex-director de
la revista LA BESTIA) me reveló
la existencia de una entrevista realizada
en 1959 para una revista brasilera. Había
sido publicada en O CRUZEIRO INTERNACIONAL
y estaba acompañada por excelentes
fotos del guionista, con su familia y
sus colaboradores.
Poco tiempo después me llega el
mismo dato a través de Aldo Pravia
y Gustavo Ferrari, ambos coleccionistas
y estudiosos de la historieta argentina.
El primero admirador de Hugo Pratt y el
segundo de Alberto Breccia.
Daniel, Aldo y Gustavo ofrecieron gentilmente
su material, y gracias a ellos pude transcribir
y disfrutar el reportaje, tal cual lo
harán ustedes a continuación.
Sin embargo aún quedaba algo pendiente
por resolver. No quería publicar
la entrevista sin pedirle autorización
al periodista que la realizó. Habían
transcurrido más de cuarenta y
cinco años, solo tenía su
nombre (Mário de Moraes) e imaginaba
que residía en Brasil. Pero tras
agotar los recursos de internet y ver
abarrotadas las guías telefónicas
con homónimos, recurrí a
Marko Ajdaric, redactor de NEORAMA DOS
QUADRINHOS. Y así empezó
otra cadena de favores...
A través de Marko llegué
a Rodrigo Caixeta, un periodista que le
había hecho un reportaje a Mário
de Moraes para la revista ABI (Associação
Brasileira de Imprensa):
http://www.abi.org.br/paginaindividual.asp?id=490
Rodrigo me puso en contacto con la amabilísima
Solange Noronha (Editora Ejecutiva de
la publicación ABI online),
y ella finalmente me hizo dar con Mário
de Moraes, quien de forma desinteresada
nos autorizó a publicar el reportaje
que a continuación reproducimos:
CUENTOS
DE OESTERHELD
Reportaje
de MARIO DE MORAES
Revista O CRUZEIRO INTERNACIONAL (16/01/1959)
Randall,
el cowboy, levantó
el cuerpo frío e inerte de Martine,
y con paso torpe, cargólo hasta
el lugar deseado, el único digno
de ella.
Parecía imposible, mas era verdad,
una dolorosa verdad. Martine, su amada,
ya no existía, ya no podría
corresponder a sus apasionados besos.
Para él, nada mas importaba. Había
olvidado que estaba herido. Detúvose
extenuado. La fosa estaba preparada. Depositó
en ella el cuerpo de la mujer amada y
después adornóla con flores
que cogió en las cercanías.
Sentía que le faltaban las fuerzas.
Con un último aliento, cubrió
de tierra la sepultura. Solo entonces
comprendió que también para
él se aproximaba el fin. Sus heridas,
reabiertas, sangraban de nuevo. La roja
linfa mezclábase con el barro de
la tierra recién removida. Cayó
de bruces sobre la sepultura. La vista
se le iba enturbiando. Un extraño
torpor invadió todo su cuerpo y
Randall no vio nada más. Iría
con Martine...
Así terminaba la carrera del cowboy
Randall. De aquel que fuera. Durante algunos
meses, el héroe predilecto de millares
de argentinos que semanalmente seguían
sus electrizantes. O mejor, así
debería terminar.
Las cartas comenzaron a llegar. Una detrás
de otra, muchas todos los días.
Randall no podía morir. En una
de ellas, una joven, que confesaba tener
20 años de edad, decía al
autor: ... me apasioné por
Randall y no puedo vivir sin él.
Adoro su comportamiento y compostura ejemplares.
Lo daría todo por ser su amada,
su Martine, aún cuando para eso
tuviese que morir.
Héctor Germán Oesterheld,
el autor de a historia, lo pensó
mejor. Llamó al dibujante, Arturo
del Castillo, y entablaron nuevas negociaciones.
Castillo que, por motivos particulares,
abandonara las historietas ilustradas,
volvió a dibujar la de Randall.
Oesterheld podía hallar otro dibujante.
Pero no sería el mismo. Nadie como
Castillo para retratar las duras facciones
de aquel cowboy sentimental.
Randall, sin embargo, era solo uno de
los héroes creados por la prodigiosa
imaginación de Oesterheld. Con
30 años de edad, de descendencia
alemana, Héctor, que nunca saliera
de la Argentina, presentaba a sus lectores
un maravilloso mundo de aventuras desarrolladas
en todas las partes del mundo.

Todo
comenzó unos años atrás.
Héctor estudiaba geología,
pero le gustaba escribir cuentos. Cierto
día un amigo expresóle su
deseo de leer uno de ellos. Era la humana
historia de dos enanitos: Truila y Miltar.
Llevóle el cuento. Lo mostraría
a una persona amiga. Cuál no fue
la sorpresa de Oesterheld cuando, el domingo
siguiente, vio su cuento publicado en
el periódico La Prensa.
Es él quien nos lo cuenta: Mi
madre
trabajaba en la cocina. Fui para allá
y le mostré el periódico
sin decir nada. Ni siquiera lo miró,
tan ocupada estaba en preparar los tallarines.
Insistí, diciéndole que
si mirase con atención el periódico,
tendría una sorpresa. Vio mi nombre
impreso, abajo del cuento y no pudo leer
más. Las lágrimas se lo
impidieron. Tuve que leerlo yo. Fue una
de las mayores emociones de mi vida.
El cuento gustó y le pidieron otros.
En poco tiempo Oesterheld convirtióse
en autor de libros para niños,
donde eran contadas las historias del
Gatito. El éxito fue rápido.
Por esa época Héctor Oesterheld
trabajaba para una gran firma como geólogo
y escribía los libritos en las
horas libres. Cierto día la Editora
pidióle que escribiera un argumento
para una historieta ilustrada que debería
salir en una de sus revistas.
Oesterheld escribió una historia,
desarrollada en África, que trataba
de un
problema de la esclavitud. En ella, al
comienzo, había un bárbaro
asesinato. Los editores quedaron entusiasmados.
Oesterheld dijeron -, usted
conoce a fondo la materia. Y Héctor
terminó abandonado la geología
y quedando como asesor de las historietas
ilustradas de la Editora.
Creó sus primeros héroes:
Bull Rocket, un hombre de ciencia, y el
Sargento
Kirk, especie de cowboy,
con aventuras desarrolladas en el oeste
norteamericano.
La gran aceptación que tuvieron
los dos héroes por parte del público
argentino animó a Oesterheld a
editar, por cuenta propia, libros con
las aventuras de Bull Rocket y el Sargento
Kirk. Tuvo entonces la idea de lanzar
dos revistas de historietas ilustradas
(Frontera y Hora 0), con todos los argumentos
creados por él. Consiguió
un grupo de buenos dibujantes, y con esforzado
empeño lanzóse al mercado
de las historietas ilustradas, que pertenecía
casi por entero a los norteamericanos.
Fueron surgiendo nuevos héroes:
Ticonderoga, que vive aventuras desarrolladas
poco antes de la independencia de los
Estados Unidos, en lucha constante con
los indios; Tip-Kenya, un cazador que
conoce la vida intima de todos los animales;
Ernie Pike, corresponsal de guerra, que
narra historias donde los actos de bravura
parten igualmente de un norteamericano,
un alemán o un japonés.
Oesterheld explica: En todas partes
hay buenos y malos. En un reportaje
publicado en una revista europea, Oesterheld
adquirió conocimientos sobre un
corresponsal de guerra norteamericano
que murió en Italia. Llamábase
Ernie Pyle. Impresionado con la vida de
ese hombre que, para mandar noticias a
su periódico, afrontaba los mayores
peligros, Oesterheld creó la alta
y delgada figura del corresponsal de guerra.
Cuando el dibujante, Hugo Pratt, le trajo
los primeros dibujos, Oesterheld tuvo
una sorpresa. El héroe tenia la
cara de su creador. Pratt había
hecho a Ernie Pike idéntico a Oesterheld.
Leonero Brent., un cowboy,
matador regenerado, que caza a otros bandidos
para recibir las recompensas y donarlas
a una institución de caridad, es
otro de los personajes de Oesterheld.
Y tiene más: Joe Zonda, original
personaje argentino que todo lo que sabe
lo aprendió por correspondencia;
Rolo, la historia de la invasión
a la Tierra. Seres de otro planeta tienen
la capacidad o facultad de transformar
las facciones de cualquier persona, haciendo
que se parezcan con quienes quisieren.
En uno de los capítulos aparece
el Presidente de la Argentina, Frondizi,
y su sosia, creado por los invasores;
Cayena, historias de un hombre inocente,
que estuvo preso en la famosa prisión,
y el cual procura capturar, sin ayuda
de la policía a los malhechores.
La mayor parte de las veces consigue él
la regeneración del criminal; Eternauta,
tal vez sea la mejor de todas las creaciones
de Oesterheld. Es la fantástica
historia de un hombre que asistió
a la invasión de la Tierra por
seres de otro planeta y el cual, con algunos
miembros de su familia y amigos, consiguen
sobrevivir, experimentando las más
increíbles y sobrehumanas aventuras.

Oesterheld escribe (siempre a mano)
regularmente una historia por día.
Trabajan a su servicio 20 dibujantes,
siendo los principales más conocidos,
Hugo Pratt, Solano López, Arturo
del Castillo, Haupt y Roume. Un editor
italiano compró todas sus historias.
Francia adquirió los derechos
sobre las aventuras de Randall y Ticonderoga
y España publica las de Ernie
Pike y Ticonderoga. Por primera vez
un país sudamericano exporta
historietas ilustradas a Europa. En
casi todos los países de habla
española de América del
Sur circulas sus revistas y después
de la Argentina, es en Chile donde ellas
más se venden.
Trabajo
unas ocho horas diarias dice
él -, sin horario fijo (por la
mañana preferentemente). Leo
mucho, en especial los grandes autores
e relatos de aventura y los cuentistas.
El único estimulante que uso
cuando me faltan las ideas son algunos
long-playings, Beethoven,
Mozart, Debussy y hasta algo folklórico.
Mis hijas (tengo cuatro, pequeñitas)
son otro gran estimulante. Entran y
salen de mi escritorio cuantas veces
se les antojare (naturalmente, un problema
grave es un lápiz roto, una muñeca
que no quiere vestirse o un juguete
que se desarticuló). Tengo pésima
memoria para lo que escribo. En dos
o tres días olvido completamente
episodios enteros de mis historias.
Creo que es una defensa psicológica;
tantos personajes, tantas situaciones
acabarían por volverme loco.
Prefiero escribir historias que se desarrollan
en el mar, en el desierto, al aire libre.
Anduve bastante tiempo por la Patagonia,
y me es fácil vivir
el desierto del Far-West norteamericano,
sin haberlo conocido nunca. Procuro
poner siempre en mis historias acción,
vigor, emoción, con bastante
acento humano. La historia ideal es
la que sacude al lector al comienzo,
lo apasiona en su desarrollo y lo conmueve
al final.
Si a eso se le puede agregar ternura,
se llega a la perfección.
Buen plan de trabajo para un escritor.
O CRUZEIRO, Edición Internacional,
16 de Enero de 1959.
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