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El Juego del Vampiro - Cuento corto
Por Hernán Leandro Carreras ( balder@ciudad.com.ar )

- Dale, Gaby, tira el maldito dado de una buena vez – le espeto José a Gabriela. Estaba dirigiendo y odiaba que el juego se retrasara con entupidas ideas de cómo se comportaría realmente un vampiro. Estos no existían así que él podía hacerlos hacer lo que quisiese.
- ¡Pera José! Ni aun en Frenesí, Alondra saldría corriendo por la calle a plena luz del sol. Esta furiosa pero no es estupida.
- Dale Gaby, tira el dado de una vez, sino se enoja y no jugamos más – intervino Javier para calmar los ánimos.
- Bueno, esta bien. Pero que conste que no estoy de acuerdo – cedió finalmente Gabriela. José dejo escapar un suspiro.
Entonces Gabriela dejo caer el dado de su mano. José lo siguió con la vista mientras caía.
Tal vez era u imaginación, pero el dado caía con una ridícula lentitud. Cuando golpeo la mesa, el ruido se le hizo ensordecedor, como si usaran su cabeza como una batería. El segundo golpe fue silencioso, no emitió el más mínimo sonido. El dado empezó a girar, cuando comenzo a detenerse pareció que iba a salir un ocho, pero finalmente salio un cero, que representaba un diez.
Y se hizo la luz. A José no se le ocurrió otra manera de describirlo. Cuando el dado se detuvo, toda la habitación paso a ser un brillo cegador. En la oscuridad escucho lo que le parecieron gritos, pero luego se dio cuenta que eran gemidos de placer.
Algo, un líquido, le salpico la cara y le hizo cerrar los ojos. Cuando los abrió todo estaba a oscuras. Le dolía la vista. Alguien prendió un cigarrillo a su derecha. Pero ninguno de los chicos Fumaba y sus padres y su hermano no estaban.
- Sabes, José, este juego me encanta – dijo una voz desconocida con marcado acento ingles.- Me fascina. Sabes los nuestros pensábamos que en esta nueva era de tecnología nos seria difícil subsistir. Pero, sabes, a alguien se le ocurrió una brillante idea – el hombre paso una huesuda mano por el rostro de José – Hacer películas, escribir libros y hacer un juego de Rol. Además de hacerse rico fue una gran ayuda para todos los demás. Ahora, andan todos los muchachos como tu, creyendo ser como nosotros, haciendo creer a la humanidad que solo somos una moda de sus adolescentes.
- ¿Qui… quie… Quien eres? – Logro preguntar José, superando su miedo. Entonces vio otro brillo además del cigarrillo. Los ojos del hombre tenían luz propia.
- ¿Pero sabes lo que me molesta de todo esto? Si alguien jugara a ser como tu, estoy seguro que te gustaría que te interprete como debe ser. Como realmente te comportarías. – El hombre prendió la luz de la habitación y José dejo escapar un grito. Todo desde el suelo hasta el techo estaba manchado de Sangre y delante de él sobre su libro, se encontraba la cabeza de su amiga Gabriela, con un gesto eterno de placer. – Sabes no importa mi nombre. De ahora en más me llamaras Sire y sabrás por que no nos gusta el sol. - Entonces el hombre se acerco a José y le mostró sus largos colmillos.

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