Artistas consagrados y amateurs del noveno arte exhiben sus trabajos. Clásicos o inéditos, pero siempre los mejores... Más de 150 galerías
on-line... ¡La mayor colección de artistas Argentinos de Historieta!

(Se incorporan trabajos nuevos constantemente, por lo cual te recomendamos visitar esta página periódicamente.)
Para enviarnos tus muestras y tus datos, escribir a:

galeria@portalcomic.com

 


Nacimiento - Cuento
Por Hernán Leandro Carreras ( balder@ciudad.com.ar )

La pantalla del televisor se prendió lentamente, como dubitativa, dejando escapar un leve chillido de queja. Tres hombres y dos mujeres se encontraban sentados delante de ella. Uno de los hombres, el más viejo, con el pelo totalmente canoso tomo el control remoto y le dio a la tecla play. Las imágenes se sucedieron una tras otra con perfecta sincronía. Todos observaban calmados y en silencio.
- ¡Para, para! ¡Pone pausa! – grito de repente una de las chicas, pelo largo rubio y de ojos claros
- ¿Qué pasa Romina? – pregunto el hombre que tenia el control, en el momento que lo accionaba, deteniendo el video.
- Rebobina. – Las imágenes se sucedieron velozmente en un borrón – Páralo. ¡Dame el control! – le grito al ver que el hombre se paso, y tomándole el control de las manos.
Luego hizo avanzar el video cuadro por cuadro. Las imágenes de una playa caribeña y un hotel de lujo cambiaron de repente al interior de un departamento. Una chica, también rubia y de ojos claros, se tambaleaba, evidentemente borracha, intentando hacer movimientos sexys, y varias personas a su alrededor riéndose. Luego volvieron las imágenes de la playa y el hotel. Ahora en el mundo fuera del video todos se reían a carcajadas. Todos menos ella.
- Ja… ja… muy graciosos – dijo Romina dándose vuelta y cruzándose de brazos. – ¿hasta cuando van a seguir jodiendome con eso??
- Hasta que hagas otra cosa graciosa – dijo la otra chica, Erika, entre risas tras lo cual se cayo de la silla, haciendo mucho ruido al dar su cola contra el piso. Lo que hizo que todos explotaran en carcajadas aún más estridentes, incluso Romina.
- Van a lograr que no vuelva a tomar mas en mi vida – les contesto Romina aun riéndose. Luego tomo su campera de cuero negra y camino hasta la puerta. - Mas vale que arreglen eso, hay que presentarlo mañana
- Tengo otro video sin nada raro – le dijo el hombre canoso mientras ayudaba a levantar a Erika.
- Bueno gente, nos vemos mañana. - dijo Romina mientras saludaba con una mano y salía por la puerta
Al salir a la calle se estremeció con un escalofrió, hacia mas frió que a la tarde. Se abrocho la campera. “Encima esta nublado, espero que no llueva” pensó. Busco en su cartera cigarrillos pero no tuvo suerte y maldijo al aire. A esa hora, no iba a encontrar ningún quiosco abierto hasta llegar a casa. Camino un par de cuadras sola, en la oscuridad, sumida en sus pensamientos. Mañana iba a tener una importante reunión con los empresarios de Niké para hacer la publicidad de sus nuevas zapatillas. Si las ideas gustaban, iba a ser un gran salto para la agencia.
Sin darse cuenta, ya había llegado a la estación. Se acerco a la maquina expendedora de boletos, selecciono su destino y metió dos monedas de veinticinco centavos. Espero unos segundos pero el boleto nunca salio.
- La maquina esta rota – le dijo un hombre del otro lado de los molinetes
- Pero ya metí las monedas – le contesto Romina, enojada. El hombre simplemente se encogió de hombros
Romina insulto por lo bajo y salto los molinetes. Seguía insultando cuando el tren llego. Subió al vagón del medio, ya que este era el más lleno. No le gustaba viajar muy sola. Enseguida vio al guarda y le explico que la maquina no funcionaba, este le dijo que no importaba, que no había problema. Se sentó sola contra la ventana. Un hombre, el que le había dicho que la maquina expendedora no funcionaba, la miraba fijamente desde unos asientos mas adelante, ella desvió rápidamente la mirada hacia fuera.
El tren avanzo sin demora dos estaciones, dos más y estaría en casa, se bañaría, comería, se acostaría en la cama y miraría un poco de tele. “¡Laburo con televisión, debería descansar de ella en casa!” se reto a si misma.
El tren estaba atravesando el parque central cuando sucedió. Las luces se apagaron y el tren freno lentamente. Desde la ventana Romina vio como las luces de la ciudad también se apagaban. En el tren se alzaron varias voces maldiciendo, inclusive la de ella. Tras un rato se escucho, por encima de las demás, la voz del guarda.
- Mantengan la calma, quédense sentados, esperaremos un rato y si la luz no vuelve les daremos instrucciones para bajar del tren. – Dijo serenamente pero con vos firme.
Romina iba a protestar, pero pensó que el hombre no tenia nada que ver y sus protestas no iban a cambiar la situación. Hubo varios pasajeros que no reflexionaron como ella y se desató una discusión. El hombre de la estación la seguía mirando fijamente, ella se levanto y se cambio de asiento donde no pudiera verla.
Tras media hora de espera finalmente los hicieron bajar a todos por una de las puertas. Caminaron un rato por las vías y salieron al medio del parque. La mayoría de la gente fue hacia el lado de la Avenida, pero ella tenia que tomar el colectivo del otro lado, no tenia plata para un taxi. Así que emprendió el camino por el oscuro parque.
El parque estaba completamente a oscuras, apenas si se distinguían los árboles y arbustos. Romina se empezaba a lamentar no haber ido con el resto de la gente. Pensó en dar la vuelta, pero ya estaba más cerca de la calle donde tomaba el colectivo, que de la avenida principal. Camino varios metros más cuando escucho un ruido a su espalda. Se dio vuelta sobresaltada, y vio a un hombre vestido de traje. Era el mismo que le había dicho que la maquina expendedora no andaba y que la había visto fijamente en el tren.
Romina apuro el paso, pero el hombre la alcanzo fácilmente.
- No es un lindo lugar para andar sola – dijo el hombre. Romina pensó que el extraño tenia linda voz y un tanto seductora pero, por ese mismo motivo, empezó a caminar mas rápido. El hombre la tomo del brazo y la hizo darse vuelta.
- ¡Ey! No tan rápido, preciosa… - dijo el hombre con una sonrisa picaresca. Romina, instintivamente le dio una fuerte cachetada.
El hombre reacciono empujándola contra un árbol violentamente. Romina quedo aturdida al golpearse la cabeza contra el tronco. El extraño la empujo nuevamente y ella quedo tendida en el suelo. El hombre se paro arriba de ella, dejándola entre sus piernas, al agacharse le empezó a abrir la campera y dijo algo, pero Romina no lo entendió, el golpe y el miedo no la dejaban entender que pasaba. Al terminar de abrirle la campera, le levanto el buzo y rompió la camisa. Empezó a besarle y lamerle la panza, el ombligo, y por ultimo los pechos. Romina intento sacárselo de encima, pero era muy pesado, y le agarraba los brazos con fuerza. El hombre la golpeo repetidamente en la cara hasta que ella cesó en su esfuerzo de liberarse de él. Romina sintió como el hombre continuaba chupándole los pechos. Luego le bajo los pantalones y le arranco la bombacha. Dándola vuelta como si fuera una muñeca, empezó a penetrarla por el ano. Romina intentó sentir placer, intentó recordar otros momentos mas bellos, pero no podía, solo sentía impotencia y dolor, mucho dolor. No podía hacer nada, no encontraba fuerzas para moverse siquiera. Llorando dejo que el hombre la usara a su antojo. Luego el hombre la penetro por la vagina, incluso con más fuerza y violencia que antes. Empezó a llover. Cuando se cansaba de penetrarla volvía a chuparle los pechos, o la vagina, siempre golpeándola. Luego volvía a penetrarla por el ano y luego en la vagina nuevamente. Romina perdió la noción del tiempo y de las veces que el hombre realizo ese ciclo siniestro y doloroso, incluso la lluvia le parecía un sufrimiento.
El hombre se detuvo de repente. Y quedo jadeando al costado de ella. Romina no se animo a moverse, por miedo de que el hombre volviera a empezar. Se quedo quieta durante un tiempo, cuando se dio cuenta que tenía una piedra entre las manos, la cual la agarraba con tanta fuerza que sus dedos sangraban. El hombre se volvió a mover. La agarro y la dio vuelta, se abalanzo de nuevo sobre ella, cuando Romina, juntando todas sus fuerzas, lo golpeo con la roca en la cabeza. El hombre cayó inconsciente a su lado. Romina siguió golpeándolo una y otra vez, sin pararse a pensar lo que hacia, solo movida por el odio. Lo golpeo hasta que de la cabeza del hombre solo quedo un amasijo de sangre y huesos.
Romina se acurruco en el suelo, llorando. Solo llorando.
Al día siguiente una mujer la encontró tirada, embarrada, sangrando y sucia, dormida. Con el cuerpo del hombre a su lado, sin vida. La llevaron un hospital donde curó sus heridas, y tras un mes le dijeron que estaba embarazada de ese hombre.
Nueve meses después, en ese mismo hospital y con el mismo doctor dio a luz a una niña, que tenía sus mismos ojos claros, pero el pelo oscuro del hombre. El doctor le entregó a la beba.
- ¿Como se llama? – le pregunto tras unos segundo. Romina, miró a la beba, cerró los ojos, y recordó de donde y por que venia esa pequeña criatura. Recordó cuando solo pensaba en abortarla. Recordó cuando quería darla en adopción. Por ultimo recordó que la beba no tenia la culpa. Al abrir nuevamente los ojos ella lloraba junto con la beba.
- Esperanza. Se llama Esperanza – dijo por fin y besó a la nena en la frente.

VOLVER a la GALERIA de GUIONISTAS