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Artistas
consagrados y amateurs del noveno arte exhiben sus trabajos.
Clásicos o inéditos, pero siempre los mejores...
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on-line... ¡La mayor
colección de artistas Argentinos de Historieta!
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La pantalla del televisor se prendió
lentamente, como dubitativa, dejando escapar un leve chillido
de queja. Tres hombres y dos mujeres se encontraban sentados delante
de ella. Uno de los hombres, el más viejo, con el pelo
totalmente canoso tomo el control remoto y le dio a la tecla play.
Las imágenes se sucedieron una tras otra con perfecta sincronía.
Todos observaban calmados y en silencio.
- ¡Para, para! ¡Pone pausa! grito de repente
una de las chicas, pelo largo rubio y de ojos claros
- ¿Qué pasa Romina? pregunto el hombre que
tenia el control, en el momento que lo accionaba, deteniendo el
video.
- Rebobina. Las imágenes se sucedieron velozmente
en un borrón Páralo. ¡Dame el control!
le grito al ver que el hombre se paso, y tomándole
el control de las manos.
Luego hizo avanzar el video cuadro por cuadro. Las imágenes
de una playa caribeña y un hotel de lujo cambiaron de repente
al interior de un departamento. Una chica, también rubia
y de ojos claros, se tambaleaba, evidentemente borracha, intentando
hacer movimientos sexys, y varias personas a su alrededor riéndose.
Luego volvieron las imágenes de la playa y el hotel. Ahora
en el mundo fuera del video todos se reían a carcajadas.
Todos menos ella.
- Ja
ja
muy graciosos dijo Romina dándose
vuelta y cruzándose de brazos. ¿hasta cuando
van a seguir jodiendome con eso??
- Hasta que hagas otra cosa graciosa dijo la otra chica,
Erika, entre risas tras lo cual se cayo de la silla, haciendo
mucho ruido al dar su cola contra el piso. Lo que hizo que todos
explotaran en carcajadas aún más estridentes, incluso
Romina.
- Van a lograr que no vuelva a tomar mas en mi vida les
contesto Romina aun riéndose. Luego tomo su campera de
cuero negra y camino hasta la puerta. - Mas vale que arreglen
eso, hay que presentarlo mañana
- Tengo otro video sin nada raro le dijo el hombre canoso
mientras ayudaba a levantar a Erika.
- Bueno gente, nos vemos mañana. - dijo Romina mientras
saludaba con una mano y salía por la puerta
Al salir a la calle se estremeció con un escalofrió,
hacia mas frió que a la tarde. Se abrocho la campera. Encima
esta nublado, espero que no llueva pensó. Busco en
su cartera cigarrillos pero no tuvo suerte y maldijo al aire.
A esa hora, no iba a encontrar ningún quiosco abierto hasta
llegar a casa. Camino un par de cuadras sola, en la oscuridad,
sumida en sus pensamientos. Mañana iba a tener una importante
reunión con los empresarios de Niké para hacer la
publicidad de sus nuevas zapatillas. Si las ideas gustaban, iba
a ser un gran salto para la agencia.
Sin darse cuenta, ya había llegado a la estación.
Se acerco a la maquina expendedora de boletos, selecciono su destino
y metió dos monedas de veinticinco centavos. Espero unos
segundos pero el boleto nunca salio.
- La maquina esta rota le dijo un hombre del otro lado
de los molinetes
- Pero ya metí las monedas le contesto Romina, enojada.
El hombre simplemente se encogió de hombros
Romina insulto por lo bajo y salto los molinetes. Seguía
insultando cuando el tren llego. Subió al vagón
del medio, ya que este era el más lleno. No le gustaba
viajar muy sola. Enseguida vio al guarda y le explico que la maquina
no funcionaba, este le dijo que no importaba, que no había
problema. Se sentó sola contra la ventana. Un hombre, el
que le había dicho que la maquina expendedora no funcionaba,
la miraba fijamente desde unos asientos mas adelante, ella desvió
rápidamente la mirada hacia fuera.
El tren avanzo sin demora dos estaciones, dos más y estaría
en casa, se bañaría, comería, se acostaría
en la cama y miraría un poco de tele. ¡Laburo
con televisión, debería descansar de ella en casa!
se reto a si misma.
El tren estaba atravesando el parque central cuando sucedió.
Las luces se apagaron y el tren freno lentamente. Desde la ventana
Romina vio como las luces de la ciudad también se apagaban.
En el tren se alzaron varias voces maldiciendo, inclusive la de
ella. Tras un rato se escucho, por encima de las demás,
la voz del guarda.
- Mantengan la calma, quédense sentados, esperaremos un
rato y si la luz no vuelve les daremos instrucciones para bajar
del tren. Dijo serenamente pero con vos firme.
Romina iba a protestar, pero pensó que el hombre no tenia
nada que ver y sus protestas no iban a cambiar la situación.
Hubo varios pasajeros que no reflexionaron como ella y se desató
una discusión. El hombre de la estación la seguía
mirando fijamente, ella se levanto y se cambio de asiento donde
no pudiera verla.
Tras media hora de espera finalmente los hicieron bajar a todos
por una de las puertas. Caminaron un rato por las vías
y salieron al medio del parque. La mayoría de la gente
fue hacia el lado de la Avenida, pero ella tenia que tomar el
colectivo del otro lado, no tenia plata para un taxi. Así
que emprendió el camino por el oscuro parque.
El parque estaba completamente a oscuras, apenas si se distinguían
los árboles y arbustos. Romina se empezaba a lamentar no
haber ido con el resto de la gente. Pensó en dar la vuelta,
pero ya estaba más cerca de la calle donde tomaba el colectivo,
que de la avenida principal. Camino varios metros más cuando
escucho un ruido a su espalda. Se dio vuelta sobresaltada, y vio
a un hombre vestido de traje. Era el mismo que le había
dicho que la maquina expendedora no andaba y que la había
visto fijamente en el tren.
Romina apuro el paso, pero el hombre la alcanzo fácilmente.
- No es un lindo lugar para andar sola dijo el hombre.
Romina pensó que el extraño tenia linda voz y un
tanto seductora pero, por ese mismo motivo, empezó a caminar
mas rápido. El hombre la tomo del brazo y la hizo darse
vuelta.
- ¡Ey! No tan rápido, preciosa
- dijo el hombre
con una sonrisa picaresca. Romina, instintivamente le dio una
fuerte cachetada.
El hombre reacciono empujándola contra un árbol
violentamente. Romina quedo aturdida al golpearse la cabeza contra
el tronco. El extraño la empujo nuevamente y ella quedo
tendida en el suelo. El hombre se paro arriba de ella, dejándola
entre sus piernas, al agacharse le empezó a abrir la campera
y dijo algo, pero Romina no lo entendió, el golpe y el
miedo no la dejaban entender que pasaba. Al terminar de abrirle
la campera, le levanto el buzo y rompió la camisa. Empezó
a besarle y lamerle la panza, el ombligo, y por ultimo los pechos.
Romina intento sacárselo de encima, pero era muy pesado,
y le agarraba los brazos con fuerza. El hombre la golpeo repetidamente
en la cara hasta que ella cesó en su esfuerzo de liberarse
de él. Romina sintió como el hombre continuaba chupándole
los pechos. Luego le bajo los pantalones y le arranco la bombacha.
Dándola vuelta como si fuera una muñeca, empezó
a penetrarla por el ano. Romina intentó sentir placer,
intentó recordar otros momentos mas bellos, pero no podía,
solo sentía impotencia y dolor, mucho dolor. No podía
hacer nada, no encontraba fuerzas para moverse siquiera. Llorando
dejo que el hombre la usara a su antojo. Luego el hombre la penetro
por la vagina, incluso con más fuerza y violencia que antes.
Empezó a llover. Cuando se cansaba de penetrarla volvía
a chuparle los pechos, o la vagina, siempre golpeándola.
Luego volvía a penetrarla por el ano y luego en la vagina
nuevamente. Romina perdió la noción del tiempo y
de las veces que el hombre realizo ese ciclo siniestro y doloroso,
incluso la lluvia le parecía un sufrimiento.
El hombre se detuvo de repente. Y quedo jadeando al costado de
ella. Romina no se animo a moverse, por miedo de que el hombre
volviera a empezar. Se quedo quieta durante un tiempo, cuando
se dio cuenta que tenía una piedra entre las manos, la
cual la agarraba con tanta fuerza que sus dedos sangraban. El
hombre se volvió a mover. La agarro y la dio vuelta, se
abalanzo de nuevo sobre ella, cuando Romina, juntando todas sus
fuerzas, lo golpeo con la roca en la cabeza. El hombre cayó
inconsciente a su lado. Romina siguió golpeándolo
una y otra vez, sin pararse a pensar lo que hacia, solo movida
por el odio. Lo golpeo hasta que de la cabeza del hombre solo
quedo un amasijo de sangre y huesos.
Romina se acurruco en el suelo, llorando. Solo llorando.
Al día siguiente una mujer la encontró tirada, embarrada,
sangrando y sucia, dormida. Con el cuerpo del hombre a su lado,
sin vida. La llevaron un hospital donde curó sus heridas,
y tras un mes le dijeron que estaba embarazada de ese hombre.
Nueve meses después, en ese mismo hospital y con el mismo
doctor dio a luz a una niña, que tenía sus mismos
ojos claros, pero el pelo oscuro del hombre. El doctor le entregó
a la beba.
- ¿Como se llama? le pregunto tras unos segundo.
Romina, miró a la beba, cerró los ojos, y recordó
de donde y por que venia esa pequeña criatura. Recordó
cuando solo pensaba en abortarla. Recordó cuando quería
darla en adopción. Por ultimo recordó que la beba
no tenia la culpa. Al abrir nuevamente los ojos ella lloraba junto
con la beba.
- Esperanza. Se llama Esperanza dijo por fin y besó
a la nena en la frente.
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