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Artistas
consagrados y amateurs del noveno arte exhiben sus trabajos.
Clásicos o inéditos, pero siempre los mejores...
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on-line... ¡La mayor
colección de artistas Argentinos de Historieta!
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incorporan trabajos nuevos constantemente, por lo cual te recomendamos
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El sol se oculta tras el horizonte. Las
luces empiezan a iluminar las calles de la ciudad. La gente comienza
a llegar a casa después de un intenso día laboral.
Los veo moverse como pequeñas hormigas. El sol, termina
de desaparecer y me deja solo entre las nubes y las estrellas.
Miro de nuevo hacia la ciudad, un ruido atrae mi atención.
Una explosión. Un incendio. Una niña atrapada entre
las llamas. Me muevo rápido, tanto que estoy ahí
en apenas una milésima de segundo, tal vez menos. Un minuto
y medio después, moviéndome lentamente para no lastimarla
estamos junto a sus padres, parados en la calle. Dicen algo, supongo
que me dan las gracias, pero no les presto atención. Solo
me fijo en como me miran, como si fuera un dios.
Con ese pensamiento vuelvo a mi tranquilo lugar en el cielo ¿Soy
un dios? No lo se.
Físicamente lo soy. Nada, ni un rayo, ni el mismísimo
sol pueden dañarme. El dolor es un recuerdo lejano de mi
infancia. Soy tan fuerte que hasta las placas continentales ceden
ante la presión de mi brazo. Tan sólo la luz es
más rápida que yo. Y el tiempo
bueno he vivido
generaciones humanas sin envejecer en lo más mínimo.
Pero mental y sentimentalmente no soy muy diferente a los demás.
Tengo los mismos sentimientos que cualquier otro ser humano. Y
lo único que he sentido por años es frustración,
mucha frustración.
Tardé mucho tiempo en darme cuenta del motivo de ese sentimiento,
hasta que la noche de ayer, una muchacha me lo reveló inconcientemente.
La rescaté de una muerte segura, tras que ella haya saltado
de un edificio. Primero pensé que se había querido
suicidar, pero el planteárselo cambió mi vida, cuando
mi intención era cambiar la suya.
- ¿Suicidarme? parecía divertida ante mi
pregunta Ni a palos, sabia que me ibas a rescatar.
- Entonces, lo hiciste para conocerme. afirmé yo.
No era la primera vez que alguien hacia algo así.
- Ja
eso, incluso para el ser más poderoso del mundo,
es muy arrogante. No, no quería conocerte
Bueno ese
no fue el motivo por el que salté, al menos.
- ¿Entonces? Pregunté mientras la dejaba
en el balcón que me había indicado. Tenía
un telescopio mirando hacia el cielo. Me invitó a pasar
con un gesto.
Entré movido por la curiosidad. Dentro encontré
muchas fotos de ella haciendo deportes extremos. (Paracaidismo,
bashee jumping, deportes de alta velocidad, etc.). También
me llamaron la atención unos diplomas.
- Vaya, tienes varios record Guinnes comenté sin
mucha emoción, intentando ser cortés. Sólo
quería saber por que había saltado.
- Sí
obviamente no te tienen en cuenta
sino
serian todos tuyos dijo sonriendo. Supongo que era una
linda muchacha, pero ya hace tiempo que no me importaban esas
cosas. Como muchas otras.
- No contestaste mi pregunta
- ¿Por qué salté?
- Ajá
- Por lo mismo que hago todo esto dijo abarcando con un
gesto las fotos y los recortes sabía que me ibas
a salvar. ¿Cómo? Porque te miro todas las noches
con mi telescopio, quieto, inmóvil en el cielo
lo
hice por el desafío, la adrenalina. Sabes a que me refiero
¿No? ahí fue cuando entendí. Cuando
se dio vuelta, esperando mi respuesta, yo ya no estaba.
Ese era el motivo de mi frustración. ¿Hace cuanto
tiempo que no tenía un desafío? ¿Hace cuanto
tiempo no sentía la adrenalina corriendo por mi cuerpo?
Todo me era posible, nada era un peligro para mí. Podía
tener lo que y a quien quisiera. Podía dominar al mundo
con mano tirana, o volverlo una utopía de paz y tranquilidad.
O tal vez, sencillamente, podía destruirlo. ¿Quién
me lo iba a impedir? Pero nada de ello era un verdadero desafío
para mí, nada de ello me estimulaba. ¿Hace cuanto
tiempo fue la última vez que salvé a alguien más
allá que para cumplir la rutina diaria?
Tardé todo un día en darme cuenta de que era lo
que necesitaba. Y llegué a la conclusión de que
necesitaba un último desafío. Me alejo lentamente
de la Tierra. Escucho un último grito de auxilio. Lo ignoro.
Me alejo cada vez más rápido. Me voy en busca de
la única cosa que nunca pude tener y que no se como conseguir:
La muerte.
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